Luz y materialidad

[ c o l a b o r a c i Ó n ]

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En una aproximación a la producción arquitectónica de Londres desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente, la fotografía ha devenido en una herramienta de observación privilegiada, poniendo el objetivo sobre elementos tales como la luz, los materiales, y el propio paso del tiempo. En este transcurrir, la arquitectura permanece materialmente aferrada a la idea de un edificio, a través del uso de un lenguaje constructivo cada vez más complejo. Si bien la fotografía es capaz de aislar de su contexto a una obra arquitectónica de manera inesperada, ella puede asimismo introducir lecturas refrescantes sobre las estructuras de ayer y hoy, en donde antes encontrábamos una sobrexposición a imágenes arquitectónicas alejada de cualquier reflexión crítica.

Al contrario, la experiencia de la fotografía permite intensificar las cualidades sensuales y sensoriales de la arquitectura. En las obras arquitectónicas concurren fenómenos materiales e intangibles, con formas, texturas y atmósferas que pueden ser reproducidas por el pulso del ojo. Así, la fotografía insinúa la prolongación del tacto al retratar intencionadamente la experiencia del peso del hormigón, la tensión del acero, la porosidad del ladrillo o la calidez de la madera, entre otras. Finalmente, la incorporación de la fotografía como forma de apreciación de la arquitectura permite en la práctica una articulación entre ambas disciplinas, al otorgar una reflexión de mayor profundidad sobre el objeto observado.